domingo, 20 de junio de 1999

La estocada de Nevers


Pues sucede que paso por la puerta de un cine y miro el cartel. Anda tú, me digo. Una de espadachines. Y además francesa, que las hacen estupendas, y son ahora al buen cine histórico y de aventuras europeo lo que Hollywood era a mediados de siglo. Total, que miro las carteleras y el titulo. ¡En guardia!, se llama. Hay algo más pequeño escrito debajo, entre paréntesis, pero estoy lejos y no alcanzo a leerlo bien. Así que me acerco, y mientras lo hago compruebo que los actores son Daniel Auteuil, aquel formidable Enrique el Bearnés de La reina Margot, y Vincent Pérez, el caballero de La Móle que se liga a Margarita de Valois en esa misma película, y que también hace, por cierto, del Cristian rival de Depardieu en Cyrano. Ésta no sé de qué va, me digo. Eso de En garde! no me suena en gabacho para nada: ni a película, ni a novela. Pero da igual. Tiene buena pinta, y se me hace la boca agua. Lo mismo encima la peli es de Chereau, o de Tavernier, y me compro una bolsa de palomitas y me pongo hasta arriba de estocadas. Seguro que al menos éstos no tienen la intención de contármelo todo sobre su madre.

Entonces llego por fin más cerca del cartel, y miro los fotogramas de la película y compruebo, algo mosqueado, que me traen un aire familiar. Y luego alcanzo lo que pone entre paréntesis debajo de ¡En guardia! y entonces sí que me quedo patedefuá. Le Bossu, leo, mirando hacia arriba con la boca abierta y cara de lelo. Le Bossu, tal cual, en francés. Y al que no parle, que le den. Eso es lo que se habrán dicho los distribuidores españoles, capaces de todo menos de llamar a una cosa por su buen y viejo nombre de toda la vida. Qué más da. Al fin y al cabo la historia original sólo es un puñetero libro. Aunque, conociendo como conozco en persona a algunos distribuidores locales de cinematógrafo, dudo que muchos hayan oído hablar nunca de la historia original. Ni de ésa ni de ninguna otra que venga en letra impresa. Así que, bueno. Allí, en la puerta del cine, reacciono y alzo un puño indignado clamando al cielo. Después blasfemo en arameo. Imbéciles, farfullo. Hay que ser imbéciles y cantamañanas para estrenar en España El Jorobado, y no llamarlo por su nombre.

Cualquier lector de pata negra sabe a qué me refiero. O cualquier cinéfilo que recuerde a Pierre Blanchard, a Jorge Negrete o a Jean Marais —mi favorito era este último— interpretando en la pantalla al intrépido Enrique de Lagardére, el Parisién, el antiguo alumno de los maestros de armas Cocardasse y Passepoil oculto bajo la deforme apariencia de El Jorobado, el espadachín que rescata del pasado la famosa estocada de Felipe de Nevers —«yo soy, yo soy»—, su amigo de una trágica noche en los fosos del castillo de Caylus, para proteger a la huérfana Aurora de las maquinaciones del malvado Gonzaga. Cualquier lector que haya disfrutado con el soberbio folletín de Paul Feval —hay una edición estupenda en la editorial Anaya— no puede menos que sentirse personal y directamente agraviado al descubrir, bajo el camuflaje del título ¡En guardia!, una de las raras y felices conexiones que a veces se dan entre cine y literatura, donde obra literaria y resultado cinematográfico se encuentran a la altura una de otra. Donde el espectador o el lector avisados pueden buscar el complemento en el libro o en la pantalla, enriqueciendo así más su percepción de la historia que leen, o que escuchan y miran. Es una lástima que la estupidez, la ignorancia, la moda, la dictadura del mercado norteamericano, facilitada por una Administración española analfabeta y servil, hagan imposible todo eso. Si la historia original es un libro —dicen aquí— por famoso que sea, no merece la pena indicar el título. A fin de cuentas los libros no los lee nadie; así que mejor un titulo de acción. Algo espectacular, que suene a Hollywood. Y eso de El Jorobado suena fatal. Un jorobado no tiene cuerpo danone, ni se viste de rapero. Además, la palabra joroba es políticamente incorrecta, en estos tiempos de gente guapa. A ver qué quinceañero irá al cine si le hablas de tipos encogidos y de pepinillos en vinagre. Si fuera de terror, todavía. Pero ni siquiera salen Freddy Krüger o el muñequito Chucky. Así que no jorobes: el subtítulo en francés, para que no se entienda. Y en cuanto al Lagardére ese, puede irse dando con un canto en los dientes. Porque, en vez de ¡En guardia!, podíamos haberla titulado Estocator IV.

20 de junio de 1999

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