Último libro de Arturo Pérez-Reverte

domingo, 20 de marzo de 2011

Trileros en las Ramblas

Doy un paseo cerca del mercado de la Boquería de Barcelona, entre esas estatuas vivientes a las que han prohibido, o van a prohibir, que posen con armas simuladas aunque sean vaqueros, indios, soldados o marcianos, para que no den ejemplos belicistas a la tierna infancia, dicen, y también por seguridad pública, imagino; no vaya a ser que a un indio se le dispare una flecha, o algún niño quede traumatizado ante un vaquero verde fosforito con un Colt en la mano. El caso es que paseo, como digo; y en ésas me topo con una cuadrilla en torno a una mesa de camping, currándose la calle: están el que dirige el juego, los ganchos y también algún pringao palmando o a punto de. Así que saco el móvil y telefoneo a mi colega Ángel Ejarque, retirado del delito hace veinte años, pero que en su tiempo fue leyenda viva, rey del trile y de otros lances callejeros, y le digo oye, plas, se me cae la cara de vergüenza, años sin ver una cuadrilla de trileros currándose la calle, y la primera que encuentro, al arrimarme con toda ilusión, es de guiris, te lo juro, del Este por el acento. Y curran chungo, por lo que veo y oigo. Muy descarado y sin finura. Casi atracando a la gente, mira lo que te digo. Aprietan tanto que sólo les falta sacudir a los batos, que por cierto son tres japos con mochilas, para que aflojen la viruta. Y oyes. Ya sé que tú te saliste de la calle; pero, ¿y los colegas? ¿Cómo es que tus antiguos consortes dejan que les quiten de esa manera el pan de la boca? Si vieran esto, los huesos de los palmaos, aquéllos a los que se llevaron los años o el prive, se removerían en sus tumbas. No te digo ya el Muelas, que era maestro de maestros. Hasta el más primavera de los soguillas que teníais entonces para dar el agua sería un virtuoso comparado con estos chapuzas de importación. ¿Qué pasa? ¿Ya no quedan trileros nacionales como Dios manda? ¿Dónde están aquellos artistas de morro y labia? ¿Qué ha sido del Patillas, el Catarecha, el Rasca, el Chino o el Ladrillo? ¿No hicieron escuela? ¿El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos? 

Eso largo por el móvil. Tal cual. Y Ángel, avergonzado, responde es que nos hemos vuelto algo mariquitas, colega, y también nos hicimos viejos, o taxistas, o empleados de algo, y dejamos el juego, el alcohol y las tordas donde se nos iba el jurdós, y en los últimos tiempos a los jóvenes les fue más cómodo hacerse camareros o albañiles. No hubo escuela fina, así que se perdió el arte. Mírame a mí, que cuando nos conocimos manejaba cuadrillas de siete u ocho virtuosos que se comían el mundo -yo hasta les sacaba a mis niños el dinero de la hucha- y hubo días que levanté hasta un cuarto de kilo, y aquí me tienes ahora, reformado y limpio que te rilas, de currito en una empresa de seguridad. Llevo veintidós años sin sobar un catecismo, y no entro en un bar ni para ir al tigre. Pero oye lo que te digo -en este punto le advierto un puntito de curiosidad profesional- ¿esos jambos están burlando con pastos o con triles? 

Le respondo que con pastos, que los ganchos cantan la Traviata con acento eslavo, y que el de la mesa es tan burdo con los tapones y la borrega, que hace falta ser de Osaka para no coscarse. Y Ángel responde es natural, colega, porque los pastos los manejas más fácil, son de estocada en plan aquí te pillo aquí te mato, y todo consiste en esconder la bolita; mientras que los triles necesitan arte, son lentos de ejecutar y hay que currárselos doblando una esquina de un naipe y luego otra, con buena mano. Y es que ya no hay estilo, añade. Ni filigranas de caballeros. Y si el pringao muerde el pastel y se rebota, encima van y lo hostian. Es otro estilo, ¿me sigues? Además, saben que aquí hay pajera abierta y se les da cuartel, y que si no se pasan de violentos, pues tranquis. Van a la calle en bola según entran, por la misma puerta, y por lo que yo me comía tres meses ahora les sale gratis. Así que esto es vente a Alemania, Pepe: cada día verás más, haciéndose los amos del trile, de las lumis y de todo. Pero cosas buenas también tienen, no creas. Nosotros éramos individualistas, a ver si me entiendes. Después de un buen palo astillábamos y cada uno se iba por su cuenta, a su vicio: la priva, las tías o la ludopatía de cada cual. ¿Te acuerdas? A pulírnoslo. Éstos, sin embargo, son solidarios entre ellos. Vinieron a trabajar: curran y viven juntos, en grupo, ahorran, se organizan en plan serio, tienen abogados. Cuando les va bonito invierten en usura, en puticlubs, en tráficos de armas y cosas así. Son peña emprendedora, con ganas de montárselo. Se hacen un futuro. No acabarán, como algunos que tú y yo conocimos, durmiendo en la calle con tres cartones: el de abajo, el de arriba y el de Don Simón. Pasa como con todo lo demás: se lo van a llevar crudo porque lo curran, vinieron con hambre y ambiciones y juegan para meter goles. Y ya lo ves. Hasta burlando en la calle, colega, nos mojan la oreja. 

20 de marzo de 2011 

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