Último libro de Arturo Pérez-Reverte

domingo, 8 de junio de 2014

Somos gilipollas

A veces, cuando pienso «somos gilipollas», recuerdo aquel chiste en el que, al decirle eso un amigo a otro, y responder éste «no pluralices», concluye el primero «vale, eres gilipollas». Por cierto, y ya que estamos con eso, la definición de gilipollas que da el diccionario de la Real Academia Española -inocente, cándido, tonto o lelo- queda, a mi juicio, incompleta. Un gilipollas es un tonto, por supuesto. Pero la definición, que espero se pueda corregir en una próxima edición, no recoge lo fundamental: un gilipollas es un tonto que no sabe que lo es, y que además se cree listo. Para entendernos, una mezcla de cantamañanas y tonto del ciruelo. Que a veces ni siquiera hace falta que hable, ni nada. Y al que a menudo se le conoce hasta por los andares. 

Pero hay gilipollas que hablan, naturalmente. Y que escriben. O que -vamos a pluralizar- escribimos. El otro día oí hablar a uno de ellos, o tal vez era una de ellas. Porque gilipollas los hay de ambos sexos, y algunos hasta con carrera. La estupidez, aunque mucho más acusada en los hombres que en las mujeres -casi todas ellas vienen con intuiciones extra de fábrica-, no es exclusiva del varón. Y el otro día, como digo, oyendo comentar en la radio el último viaje del rey de España a Arabia Saudí para vender trenes Ave y cuanto allí nos quieran comprar, escuché una frase perfecta para inscribir en los anales recientes de la hispana gilipollez: «El rey se vino de allí sin hablar de derechos humanos». 

Vayamos por partes, como Jack el Destripador. Que el rey don Juan Carlos, con sus 76 tacos de almanaque, se ha calzado 40.000 kilómetros en los últimos dos meses, bastón en mano y sonrisa en boca, para arrimar el hombro, es indiscutible. Sea monárquico, republicano o indiferente quien observe la cosa, ésta es la fetén; y también, que ha conseguido no pocos contratos, dejando las puertas abiertas a los empresarios españoles. Las lecturas laterales, aunque tengan su puntito, son ahí secundarias: da igual que uno de los motivos sea la necesidad de la familia real española por lavarse el careto, más bien sucio tras los elefantes en Botswana, los ojos azules de doña Corinna, la desvergüenza del yerno Urdangarin -y de quienes se lo consintieron- y la prístina inocencia de la infanta. Todo eso explica cosas, pero no altera el hecho principal: el rey se lo curra como un león de la Metro, y a sus años tiene mérito que se gane el jornal. Y a él, además, se le ponen al teléfono. Imaginen a Rajoy. 

Pero esto es España, donde toda gilipollez tiene su asiento. Y su público. Por eso no podía faltar el comentario arriba mencionado, cuyo desarrollo no se nos escapa. Conseguir contratos está bien, viene a decir; pero el rey viaja al Golfo, donde no se respetan los derechos humanos como aquí, sin afear a esos jeques totalitarios y machistas sus infames conductas. Mecachis en la mar. Va a sacarles contratos, pero para conseguirlos calla, cómplice, en vez de denunciar públicamente, aprovechando la coyuntura beduina, el estado de cosas. Tenía que haber cogido al jeque de turno por el cordón de la kufiya y decirle ante los periodistas: «Oye, Abdalláh, Rachid, Faisal, eso de que tratéis como esclavos a los criados filipinos, y no permitáis prensa libre y democrática ni bares con tapitas de jabugo, y obliguéis a las señoras a llevar velo prohibiéndoles conducir y hasta fumar por la calle, está muy feo, en serio. Que eso es cosa de fascistas. Y si no os enmendáis y democratizáis jiñando estopa, los empresarios españoles no harán negocios con vosotros, ni construiremos el Ave a La Meca, ni los equipos de fútbol llevarán vuestros nombres en las camisetas, ni nada de nada. Tampoco os/nos ingresaremos más comisiones por negocio hecho, porque eso es éticamente reprobable. Os vamos a hacer el vacío, y no vendré más a comer cordero, y los palacios de vuestros príncipes y princesas no saldrán en el Hola, donde tengo mucha mano, más incluso que Nati Abascal». Y entonces, atormentados por el remordimiento, todos esos jeques del petróleo, abrazándolo llorando, habrían dicho: «Juancar, tío, nos has convencido, en serio. Jandulilá. Estábamos cegados por el petrodólar, pero esto va a cambiar, lo juramos por la sura IX del Corán, y cuando vuelvas no nos vas a conocer, de demócratas que nos habremos vuelto: vamos a autorizar los derechos humanos, las tetas en la playa, tendremos libertad de prensa, nuestras Fátimas podrán alistarse en la Legión y nos pondremos hasta las trancas de jumilla y de jalufo. Gracias a ti, colega, nos vamos a volver más demócratas que la leche». 

Y es que lo dije antes, me parece. Incluso en el título. Somos gilipollas. 

8 de junio de 2014
 

7 comentarios:

Antonio Martínez dijo...

Estimado Arturo:

Ignoro si administras tú mismo este "blog", "blogue", "bitácora", o como narices deba llamarse a este soporte sin barbarizar el idioma. Pudiera ser que lo administre algún admirador o colaborador tuyo pero, dado que eres tú quien firma el artículo, a ti me dirijo:

Desconozco la identidad del gilipollas, varón o hembra, que pronunció las palabras que han inspirado tu texto. Y también el contexto en que pudo hacerlo. Pero manifestaciones en el mismo orden he escuchado varias en las últimas semanas, y algunas de ellas por parte de personas a las que concedería distintos vicios, pero ninguno de ellos la gilipollez.

No es que pueda estar seguro de ello, pero pienso que igual escuchaste las dichas palabras sacadas muy a propósito de su contexto. Lo digo pues (tú lo sabes bien) ya hace años que se estila esa artimaña en nuestros decadentes medios de comunicación con fines varios, como por ejemplo desprestigiar a individuos molestos. Y últimamente ha surgido algún que otro individuo molesto, contra quien se han desplegado todas las malas artes y lanzado a todos los perros de la jauría (con bastante torpeza hasta el momento, eso sí, supongo que por las prisas).

Yo oí, hace poco, palabras muy similares a las que mencionas, en labios de un personaje a quien admiro por su entereza moral e intelectual. Las pronunció cuando, al tiempo que se pretendía dignificar el nombre del Borbón, se pretendía ensuciar el suyo propio por haber prestado servicios profesionales auspiciado por el gobierno de un país llamado Satanás. La argumentación era más o menos la siguiente: así que es indigno que yo haga mi trabajo y preste asesoramiento sobre democracia en Satanás, pues, evidentemente, si otros se entrevistan con dictadores teócratas es para hablarles de derechos humanos.

En fin, igual no hablamos de lo mismo. Pero parecerse, se parece. Y ya que estoy aquí, voy a aprovechar para expresarte los muchos respetos que te tengo por tu gran valía como literato en nuestro idioma: considero que la gran tradición de las letras hispanas estaría a día de hoy baldía sino fuera por tu pluma (la de escribir). Y no sólo por eso: representas para mí un referente intelectual, uno de los escasos personajes públicos de nuestro tiempo que han sabido aprovechar (y continuar) la gran herencia cultural de nuestra historia, otrora tan poblada de ilustres nombres. Gracias, Arturo.

Un abrazo. Y perdón por las confianzas.

Manuel Lomba dijo...

Conociendo lo que pasa en nuestras fronteras y dentro de ellas, lo que pasó y lo que -ojalá me equivoque- queda por pasar en este país, no sé yo si esto que nos cuentas se queda dentro de la gilipollez o hay que elevarlo a la hipocresía.

HACKeaMadrid dijo...

K tl to2.

No creo que seas muy libre, y menos para escribir lo que escribes.

Tienes que informar del presente de lo que pasa a nivel internacional.

Te podria sugerir mil titulos pero uno bueno que puedes empezar a estudiar es como hundieron el Titanic para que no se hablará del fraude de la Reserva Federal, entre muchos otros.

En fin eres parte de una etapa de entretenimiento disuasorio, evasión. Eres un colaboracionista mas del Nuevo Orden Mundial.

Imaginación, a tu manera tendrás mucha, seguro que no toda tuya como presumes, pero de la realidad huyes como los cobardes de los que hablas con tanta osadia y prepotencia, cuando a ti a huir no te gana nadie.

el 11Bu$h lo hizo $ (la $ de Sekel)
HACKinHAPPY

Viajero dijo...

Aquí tenemos tres buenos ejemplos de gilipollas, y como decía el autor del artículo se creen más listos de lo que son, no saben separar el grano de la paja. Para atenuar tan grave enfermedad (es posible que sea incurable, habría que asumir y rectificar en el buen sentido) se recomienda un poco de cultura y unas buenas dosis de lógica y sentido común.

Saludos

Viajero dijo...

Leña a los gilipollas que se lo merecen, al final siempre pagan los justos por esos pecadores. Se los ha tratado demasiado tiempo con guante de seda y es por ello que se reproducen a esa velocidad, contaminando y manchándolo todo.

Silvino dijo...

En mi opinión el artículo está cargado de razones. No tengo la menor duda que el rey se hubiera venido con las manos en el bolsillo si hubiera llegado tan sólo a entrever algo de la frase en cuestión: «El rey se vino de allí sin hablar de derechos humanos».

Comparto totalmente la definición de gilipollas aportada en este artículo.

Anónimo dijo...

Saludos estimado Arturo Pérez-Reverte, primero quiero mostrar mi respeto a usted, no me he leído todos sus libros pero casi, sí me he leído todos los del Capitán Alatriste.
Estoy de acuerdo con usted en sus opiniones que las considero muy instructivas a veces, brillantes en ocasiones.

Por ello ahora no estoy de acuerdo con usted en algunos detalles.
Si es muy cierto que el rey no tiene por qué hablar de esas dictaduras y quizá mejor no hacerlo, mientras seamos aliados claro, para beneficiarnos de todos los petrodólares. Además, el cambio debe llegar desde dentro, aunque no con las mal llamadas primaveras árabes, que eso es otro tema. Un poco de crítica constructiva no vendría mal. Pero da igual, priman más los intereses económicos.

Muy de acuerdo en que todo esto es para "lavarse el careto" y en que a él se le ponen al teléfono, también en que traerá contratos para empresas españolas, y aquí mi primera discrepancia. Contratos para empresas españolas, sí. Dinero para las arcas del estado, poco muy poco, ya que como todos sabemos ese dinero se diluirá, se tributará al 1% o se repartirá en comisiones. ¿saldremos beneficiados? Seguro que dentro de 5 años veremos que el 99,99% de los ciudadanos españoles no saldremos beneficiados. Al tiempo. Puede que me equivoque y ojalá, ya que se hacen contratos que las arcas se llenen un poco, pero ya veremos.

La otra gran discrepancia es que se haya ganado el jornal el rey (sigo diciendo rey ya que sigue teniendo el título de Rey). Yo no creo que haya arrimado tanto el hombro, ya que viajar 40.000 kilómetros, o 100.000, en jet privado con asientos bien cómodos, sin largas esperas ni colas, ni retrasos, ni autobuses, o trenes, no creo que sea tan dramático viajar con todos los lujos y comodidades. Y lo digo por experiencia, dos horas y media de avión con las dos piernas escayoladas lo atestiguan. Yo sí que pasé un infierno. Así que es muy discutible que se haya ganado el jornal con esto, cuando podría hacer mucho más, o eso creo, por el 100% del pueblo español.

Así seguiremos, sin una democracia plena como quieren hacernos creer, aliados de las dictaduras que benefician a los poderes económicos y políticos cuando interesa; y cuando no, se bombardea en misión humanitaria para democratizar ese país. Somos gilipollas.
Un cordial saludo.
P.A.C.