Último libro de Arturo Pérez-Reverte

domingo, 25 de enero de 2015

Esas jóvenes hijas de puta

Supongo que a muchos se les habrá olvidado ya, si es que se enteraron. Por eso voy a hacer de aguafiestas, y recordarlo. Entre otras cosas, y más a menudo que muchas, el ser humano es cruel y es cobarde. Pero, por razones de conveniencia, tiene memoria flaca y sólo se acuerda de su propia crueldad y su cobardía cuando le interesa. Quizá debido a eso, la palabra remordimiento es de las menos complacientes que el hombre conoce, cuando la conoce. De las menos compatibles con su egoísmo y su bajeza moral. Por eso es la que menos consulta en el diccionario. La que menos utiliza. La que menos pronuncia. 

Hace dos años, Carla Díaz Magnien, una adolescente desesperada, acosada de manera infame por dos compañeras de clase, se suicidó tirándose por un acantilado en Gijón. Y hace ahora unas semanas, un juez condenó a las dos acosadoras a la estúpida pena -no por estupidez del juez, que ahí no me meto, sino de las leyes vigentes en este disparatado país- de cuatro meses de trabajos socioeducativos. Ésas son todas las plumas que ambas pájaras dejan en este episodio. Detrás, una chica muerta, una familia destrozada, una madre enloquecida por el dolor y la injusticia, y unos vecinos, colegio y sociedad que, como de costumbre, tras las condolencias de oficio, dejan atrás el asunto y siguen tranquilos su vida. 

Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen. Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo -«Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio»-, a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos. Desde niños. Que se lo pregunten, si no, a los miles de homosexuales que todavía, pese al buen rollo que todos tenemos ahora, o decimos tener, aún sufren desprecio y acoso en el colegio. O a los gorditos, a los torpes, a los tímidos, a los cuatro ojos que no tienen los medios o la entereza de hacerse respetar a hostia limpia. Y a eso, claro, a la crueldad de las que oficiaron de verdugos, añadamos la actitud miserable del resto: la cobardía, el lavarse las manos. La indiferencia de los compañeros de clase, testigos del acoso pero dejando -anuncio de los muy miserables ciudadanos que serán en el futuro- que las cosas siguieran su curso. El silencio de los borregos, o las borregas, que nunca consideran la tragedia asunto suyo, a menos que les toque a ellos. Y el colegio, claro. Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes. Los que vieron lo que ocurría y miraron a otro lado, argumentando lo de siempre: «Son cosas de crías». Líos de niñas. Y mientras, Carla, pidiendo a su hermana mayor que la acompañara a la puerta del colegio. La pobre. Para protegerla. 

Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales. El territorio donde toda vileza, toda ruindad, tiene su asiento impune. Allí, la crucifixión de Carla fue completa. Insultos, calumnias, coro de divertidos tuiteros que, como tiburones, acudieron al olor de la sangre. Más bromas, más mofas. Más ojos bizcos, más bollera. Y los que sabían, y los que no saben, que son la mayor parte, pero se lo pasan de cine con la masacre, riendo a costa del asunto. La habitual risa de las ratas. Hasta que, incapaz de soportarlo, con el mundo encima, tal como puede caerte cuando tienes catorce años, Carla no pudo más, caminó hasta el borde de un acantilado y se arrojó por él. 

Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio. Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez. Pero, en fin. Ya que hay sentencia de por medio, espero que, con ella en la mano, la madre de Carla le saque ahora, por vía judicial, los tuétanos a ese colegio miserable que fue cómplice pasivo de la canallada cometida con su hija. Porque al final, ni escozores ni arrepentimientos ni gaitas en vinagre. En este mundo de mierda, lo único que de verdad duele, de verdad castiga, de verdad remuerde, es que te saquen la pasta. 

25 de enero de 2015 

14 comentarios:

PATARRAN TRAN TRAN dijo...

Ay, Señor.
Que penita, por Dios.
No puedo decir otra cosa.
Pues se me encoje el corazón, cuando leo estas cosas.
Y ademas... tal y como usted las escribe Maestro, son estocadas de Vizcaína entre las costillas.
Todavía duelen mas.
No le voya a quitar razón ninguna, pues la tiene toda.
Tengo dos hijos.
Dos criaturas maravillosas que ese están llevando por delante las energías y los sueños de sus padres en la segunda mitad de sus vidas.
Todo gira alrededor de ellos.
Al principio te resistes, para que le voy a engañar.
Después... la realidad se impone y no puedes negar la evidencia: te adapatas a al situacion, tras contemplar a tu vida, tal y como la conocias, asomarse por al puerta y despedirse... para no volver nunca jamás.
http://www.patarrantrantran.com/2014/07/el-ratoncito-perez.html
No quiero ser pesado y aburrirle con detalles.
Pero a veces tengo la sensacion de estar criando corderos que se van a ver rodeados de un mundo de lobos.
Y estas cosas que usted cuenta... no hacen mas que recordármelo.
Como decía Kant... "El hombre es educación"
A los progenitores que "educaron" a las acosadoras y a todo el entorno que lo consintió... Que el diablo les lleve.
Yo seguro que estaria ya loco de atar o me habría llevado a alguien por delante, preso de mi locura.
Ojala la Diosa Fortuna me guarde y jamás me ve a en esa situación o algunas similares.
El infierno en vida.
Sin embargo... hay veces que la vida te sorprende con pequeños detalles.
Y entonces piensas que no esta todo perdido para esta raza maldita y que- a lo mejor- todavia tenemos futuro.
Vaya usted a saber.
En fin...
Que tenga usted un buen dia, Maestro.
De verdad de la buena.
http://www.patarrantrantran.com/2015/01/los-reyes-magos-existen.html

Mahler Deán dijo...

Joder

No tenía que haber leído esto
Ya conocía este suceso. Y la "sentencia".

Y ahora, cómo entonces, no puedo dejar de cagarme en Dios para mis adentros.

Tanta hijoputez a diestro y siniestro, tanto de las unas como de los otros...

Tengo un hijo de 13 años. Y siempre lo he tenido muy muy claro : a mi cachorro, cualquier ser vivo que respire, tan solo podría abusar de él, por nimio que sea, una sola vez.

Nada más que una.

Anónimo dijo...

Los españoles somos, por desgracia tenemos que incluirnos todos, unos "desgüevados",nos falta valor para decir ¡hasta aquí hemos llegado! Nuestro conformismo con todo, mientras no nos toque el bolsillo es de cachondeo inmundo. Todos tenemos en nuestra "blanca" y los que hicimos la "mili" sabemos lo que es eso, en el apartado de "valor" el parafraseado "se le supone" y nunca mejor dicho.

Anónimo dijo...

Más bien yo diría... "ese no tan joven hijo de puta de Pérez Reverte" que una vez más habla sin escuchar más que a quien le dice lo que quire oir, por suerte, la justicia tiene la obligación de escuchar a todos... y si a ciertas edades por falta de madurez no les dejamos votar, ni actuar con libertad, es normal que a esas edades tampoco les exijamos como a adultos.
Pero es que además la sentencia, si se lee bien no es porque ellas sean las culpables de todos los males de la desgracia de esta pobre niña, les culpa exclusivamente de la parte que hicieron mal, muy grave, pero no del suicidio de la niña.
Soy padre de hijos en ese colegio y lo que tengo claro es que allí se cuida de nuestros niños, pero que es la misma sociedad que se tira al cuello de un profesor que expulsa a alguien de clase, la que luego quiere que ese profesor eduque a sus hijos.
Dame medios y conseguiré fines, en caso contrario harán lo que puedan... y como padres tendremos que hacer lo que ellos no pueden, aunque cada vez más hasta a nosotros nos van atando en la forma en la que educar a nuestros niños...
Espero que ninguna commpañera de las que reflejas que con su falta de acción fueron culpables, tras leer esa porquería que has escrito, tenga a mal el que su entorno de "amigas" le empiece a acosar por no haber hecho nada en su inmadurez y termine tomando también en su falta de madurez la misma salida de Carla y tengamos que decir "ese no tan joven hijo de puta de Pérez Reverte"

Anónimo dijo...

Pones en tu blog "Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen", no dudo que escribas con libertad, pero se te olvida que, como cualquiera y como te gustaría que se haga al hablar de ti, deberías también hacerlo con veracidad o al menos con conocimiento.
Leo tu artículo y te veo más que nada preocupado de apoyar a la parte que resulta popular apoyar, sin molestarte en informarte en serio, escuchar a las partes, ni ver en qué medida tiene razón y en qué medida está "tirando a todo lo que pasa cerca" para mitigar su dolor...
Siento el dolor de esta familia, lo que han hecho estas niñas es imperdonable aunque no hubiera terminado como terminó, pero no mezclemos temas poniendo tela de juicio la educación de mi hijo poniendo en duda la labor de profesoras que actúan con vocación y profesionalidad.
Puede que entonces me digas que te gusta poner todo en tela de juicio para llegar a la verdad, ok, si buscas el motivo del suicidio de esta pobre niña, por en tela de juicio todo.. pero todo es todo, la actuación del colegio, la de las profesoras, la de los/as compañeros/as, pero también la de sus amistades fuera del colegio, la de su entorno familiar, si estaba siendo tratada por alguna cuestión ajena adicional... en resumen, todo, no sólo lo que resulta populista...
Quizás hay quien se horroriza al leerme poner que su situación en el entorno familiar puede haber influido, pero por mi parte y tras leer e informarme sobre el tema desde primera línea, llego a la conclusión de que pueden tener muchos orígenes los motivos de esta pequeña para decidir durante unos segundos que la vida no merece ser vivida.
Deberían analizarse todas las influencias partiendo de la misma presunción de culpa/inocencia para todos.
Actuar de otra forma en mi opinión es ser un canalla populista que se aprovecha de esta situación, eso sí que debería horrorizarnos.

Anónimo dijo...

Te molestaste en leer la nota de prensa del colegio? seguro que ni eso..
http://www.santoangelgijon.org/noticia1.html

Silvia Gómez dijo...

Desconcierto. Según la RAE, “1. Estado de ánimo de desorientación y perplejidad. 2. Falta de modo y medida en las acciones o palabras”. Unos significados que, en los últimos meses, van adquiriendo peso en lo cotidiano de los que, con pasión y entrega, nos dedicamos al mundo de la educación. Me refiero al “caso Carla” y a la ligereza de palabras de los que, también apasionados por su vocación, parecen olvidar el derecho de los lectores, o de los televidentes, a recibir una información verídica y objetiva de la realidad, además de precisa y concreta.
Si hacemos uso de la búsqueda de información sobre algunas reglas que deben respetar aquellos que se dedican a la noble profesión del periodismo, nos encontramos con la siguiente sorpresa: “ No tiene cabida el informador que no respete el código deontológico, que engloba lo siguiente: el respeto a la verdad(…) , perseguir la objetividad aunque se sepa inaccesible, contrastar los datos con cuantas fuentes periodísticas sean precisas, enfrentar, cuando existan, las versiones sobre un hecho, respeto a la presunción de inocencia…”
Puestas las bases de donde parto para esta reflexión me pregunto si otros docentes, como yo, no sienten que en este –como en otros tantos casos- estamos desconcertados. Alguien que entienda lo que significa y conlleva esta profesión, ¿podría suscribir lo que en estos días leemos de mano de renombrado periodista y escritor español, cuyo discurso cito a continuación?: “Esos dignos profesores, resultado directo de la sociedad disparatada en la que vivimos, cuya escarmentada vocación consiste en pasar inadvertidos, no meterse en problemas con los padres y cobrar a fin de mes”. Perdone usted, pero dudo de sus fuentes contrastadas y de su esmerada investigación sobre el caso. Porque, “esas pájaras”, como usted llama en su artículo a las jóvenes presuntamente implicadas –sí, lean bien, presuntamente- no han sido juzgadas ni, por lo tanto, condenadas por nadie…Perdone usted, me equivoco. Han sido condenadas y juzgadas por los medios de comunicación y por aquellos que, con versiones parciales y ligereza en sus palabras, han decidido que son culpables de una tragedia. Eso sí, sabemos que ustedes –los periodistas- deben respetar la presunción de inocencia. Déjenme dudar de que lo estén haciendo.
Como usted bien dice en su artículo, señor escritor, vivimos en una sociedad que deja atrás algunos asuntos…pero los deja cuando personas cuyo oficio es informar de una manera ética y seria, deciden que ya no son noticia porque han dejado de interesar…no sabemos bien a quién. Pero, mire usted, este caso sí que interesa. No solo a usted, por lo que veo tras el sesgo de sus comentarios, sino a una comunidad educativa, dolida por el trato que está recibiendo. Nadie entiende lo que significa educar si nunca fue educador y no tuvo la suerte de acompañar a otros en el proceso de hacerse persona. Y esta comunidad educativa, no solo veló por el proceso de Carla, sino que llora su muerte y trata de seguir acompañando a otros en medio de este barullo de información que, lejos de ayudar a nadie, solo murmulla con intenciones de morbo. En caso de duda, consulte todas las fuentes.
De sobra sabemos que, en nuestro país, hay culpables sin juicio y sentencias que salen a la luz sin haberse celebrado sin, ni siquiera, haber imputado a nadie. Para su información: no hay sentencia de por medio porque, que sepa esta comunidad educativa, no hay ningún juicio que se haya celebrado. Y, aunque sabemos que el periodista tiene derecho a no revelar sus fuentes de información, las personas que sufrimos a diario comentarios como los suyos, le pedimos –a usted y a otros tantos vocacionados al periodismo- que llamemos a las cosas por su nombre. Pero, eso sí, sean serios: teniendo todos los datos. Y, si fuera necesario llegado el momento (haciendo uso de las normas que ustedes mismos deben cumplir) por justicia con tantos adolescentes y docentes, compañeros o no de Carla, procedan ustedes mismos, a la rectificación de las informaciones erróneas.

Anónimo dijo...

Acabo de leer la nota de prensa del colegio y no dice absolutamente nada..esa es toda tu argumentación?? ahhh, es verdad, tb echar mierda sobre la familia. Das asco.

Anónimo dijo...

¡Exacto!, ¡acertaste! la nota del colegio es la argumentación suficiente, más bien las verdades objetivas que en ella se contienen, que se corresponden con los documentos fruto de las acciones tomadas hasta el momento. A añadir como punto a favor que al menos se toman la molestia de explicarlo a quien quiera leerlo
La verdad es que probablemente tenéis razón, es asqueroso y sin ningún sentido el pensar que familia, amigos, entorno personal en general u otro factor ajeno al colegio, pueda influir en la actuación de nadie… nunca ha pasado y por tanto el siquiera mencionar eso es fruto de una mente calenturienta y enfermiza…. por todo el mundo es sabido que todos somos fruto del entorno escolar, ese entorno en el que feroces orcos y pequeñas brujas ociosas, sin energía, de mentalidad atrofiada, carácter arisco e incultas, deseosas de que llegue fin de mes para cobrar su inmerecida nómina, pretenden desviar, manipular los cerebros de nuestros pequeños para que piensen que ellas son felices y se dedican a su trabajo con profesionalidad y devoción. Todo el trabajo de estas mal llamadas profesoras se centra realmente en que nadie descubra que realmente vomitan en los descansos entre clase y clase por verse obligadas toda la jornada a aguantar a los pequeños engendros, fetos venidos a más años de vida de otros especímenes despreciables de su especie.
Ah!, que el centro no era público y encima era religioso?, te dejo que voy a ver si tengo algún cura por ahí para ahorcar, son la leche, todo el día dando sermones, pidiendo dinero y metiéndose en la vida de los demás y luego nunca tienes uno a mano cuando lo necesitas…
Más vale ser vencido diciendo la verdad que triunfar por la mentira (Mahatma Gandhi)

Anónimo dijo...

Yo llegué a leer la nota que puso el colegio, respecto a este incidente, cuando aún no la habían borrado. Me pareció y me parece (según lo que tengo en mi memoria) un conjunto de falacias y de argumentos que no tienen por donde sostenerse. En otras palabras, una m.... pinchada en un palo.

Ena dijo...

Veo que han comentado unos cuantos profesores.
Sr. Pérez- Reverte, su escrito genial, como siempre.

Jesús Navas dijo...

Mis más sinceras felicitaciones para el autor. Por todo lo que ha ocurrido en el devenir de los años y siglos , pareciera que , tristemente, nos obligan a llegar a la conclusión de que hay maldad innata en el ser humano , en todos nosotros . Gracias por hacernos meditar al respecto . Realmente , agradecido.

Coti dijo...

Veo que hasta han podido comentar los padres o familiares de las acosadoras. En mi experiencia personal y como madre de un niño/ adolescente acosado les cuento que no se dan una idea de lo que pasan estos niños que siempre, por parte del entorno, son los eternos culpables por no ser como el resto.Y lo que he podido ver es que estos padres que tan a la defensiva están, es porque saben que ellos y solo ellos son los causantes de estas situaciones, en primer término, por ser sus hijos el reflejo de lo que son ellos y segundo, porque niegan que han criado a un pequeñ@ monstruo defendiéndo lo indefendible.
Tanto los padres de las chicas y el colegio han sido cómplices del suicidio de esta niña y pongo al colegio como cómplice porque en el caso de mi hijo, el colegio tomó cartas en el asunto y frenó a los abusones. Les doy las gracias a las autoridades del mismo y a algunos compañeros de mi hijo,que fueron en realidad los responsables de ponerlo en mi conocimiento y en el de las autoridades del colegio. Siento que estos padres no hayan corrido con mi suerte.
Estoy totalmente de acuerdo con lo que ha escrito su autor y le agradezco en nombre de los niños abusados y de sus padres este artículo.

Claudia dijo...

Maravilloso el escrito y deleznables todos y cada uno de los comentarios que desacreditan la veracidad de la realidad. Comentarios provenientes, intuyo, de profesores del colegio que prefieren mirar hacia otro lado y de, incluso, familiares de las acosadoras que, en silencio, justificando lo injustificable, son aún más cómplices de lo que lo fueron en el momento en el que la pobre niña sobrevivía a las calumnias constantes de las que todos se hacían eco. Deleznable también esta justicia nuestra. Sufrí acoso en mii infancia dentro de un colegio que permitía los abusos sin tomar ningún tipo de carta en el asunto. Y lo único que me llevo de aquellos años en los que sólo quería que pasasen rápido es la constancia que tendré en las investigaciones que haré para supervisar el respeto hacia mis hijos dentro de un colegio que favorezca la tolerancia y el respeto. Valores que demostraré y demuestro en casa, hablando siempre bien a mi pareja, escuchando a mis hijos, dialogando, compartiendo, luchando por crear un mundo mejor en el que todas las personas tienen lugar. Esas niñas fueron mujeres para acosar con una crueldad desmedida y ¿ahora son juzgadas como niñas? Sólo espero que el calvario de la conciencia les castigue cada día lo que un sistema legislativo lamentable no ha sabido. ¿Y a esa familia destrozada? Mi más sentido pésame. No sólo sáquenle pasta al colegio, desacreditando manteniendo viva la información de lo que en él sucedió mientras los ojos de tantos y tantos cómplices durante a saber cuánto tiempo callaban ejerciendo una profesión que no merecían. Qué tristeza me ocasiona tantas veces este mundo en el que vivimos.