domingo, 5 de octubre de 1997

El guardamarina Hornblower

Los amantes de los relatos sobre el mar, con treinta nudos aullando en la jarcia, abordajes, astillazos y cañoneos peñol a peñol, estamos de enhorabuena. Por fin se ha iniciado en España la publicación de las aventuras completas del capitán Hornblower, de la marina británica. Una serie legendaria iniciada en 1937 por Cecil Scott Forester, que ya era mundialmente conocido desde un par de años antes por La reina de África. El protagonista de las novelas náuticas de Forester es Horacio Hornblower: un marino, coetáneo de Nelson, a quien también vimos en el cine, encarnado por Gregory Peck, en El hidalgo de los mares. Y nada resume mejor la fama mundial de los diez volúmenes en que están agrupados sus relatos y novelas, que las palabras con que cierto almirante inició una reunión de estado mayor durante la Segunda Guerra Mundial en vísperas de una batalla naval: «Caballeros, en nuestro lugar, ¿qué habría hecho Hornblower?".

Enmarcadas en la muy sólida tradición de la novela histórica anglosajona, las novelas de C. S. Forester constituyen la más importante aportación a la literatura del mar después de los relatos de Marryat, Stevenson, Melville y Conrad; y son un dignísimo antecedente de la serie de novelas sobre la armada inglesa escritas a partir de 1970 por Patrick OBrian, y protagonizadas por Jack Aubrey y el doctor Maturin. Las narraciones de OBrian son sin duda más reales, más intensas y más literarias. Pero los lectores adictos a ellas, los miembros de esa solidaria e inmensa tripulación que ha navegado fielmente a bordo de la Sophie, el Polychrest o la entrañable Surprise, naufragado con el Leopard o pasado al abordaje con Bonden, Pullings y ios otros camaradas sobre la cubierta resbaladiza por la sangre de la Torgud, agradeceremos sin duda la traducción de las novelas de Forester. Para los que somos, por derecho, viejos amigos del capitán Aubrey, el encuentro con Horacio Hornblower, más rígido y menos simpático quizás que Jack El Afortunado, deparará, con toda certeza, el singularísimo placer de descubrir en él y en sus compañeros de mar y aventuras un grato aire de familia.

Sólo dos puntos negros a señalar en el asunto. Uno es la mediocre edición con que la editorial
Edhasa deshonra la serie, o al menos El guardia-marina Hornblower, que es el primero de los volúmenes publicados siguiendo eso muy acertadamente la cronología interna de los relatos. En contraste con las aventuras de Aubrey y Maturin, la serie de Hornblower aparece en pequeño formato, muy pobre de presentación, y sin tan siquiera un prólogo que haga justicia al autor o a la obra. Imperdonable, por cierto, si tenemos en cuenta que hasta la edición francesa en rústica de estas novelas, publicada en dos tomos por Ómnibus en 1995, abundaba en prólogos, apéndices e ilustraciones siempre útiles y a veces imprescindibles.

La otra pega corresponde al espíritu interno de la propia obra. Como ocurre con frecuencia en la novela histórica inglesa, el lector español puede sorprenderse al descubrir, en algunas páginas de Forester, que frente a la eficacia, disciplina, valor acrisolado y solidez moral de los súbditos de Su Majestad británica majestad antepasada de la suegra de la difunta Diana Spencer los marinos franceses son valientes pero torpes, y los españoles son cobardes, crueles, perezosos, desorganizados y poco limpios. Punto de vista que no es exclusivo del amigo Forester, sino característico, ahora y toda la vida, de un modo muy inglés de mirar el mundo; y que también se pone de manifiesto en otra serie histórica: las aventuras de Richard Shar-pe, el supersoldado de Wellington creado por Bernard Comwell, quien nos cuenta cómo la guerra de España contra Napoleón la ganaron los ingleses a pesar de los sucios españoles, que se pasaron las campañas huyendo ante el enemigo, durmiendo la siesta o tocándose los huevos.

Pero eso no es grave, ni empaña el placer de la lectura. Incluso con semejante punto de vista, las novelas del amigo Hornblower merecen mucho la pena. Todo es cuestión de, llegados al lugar en que se narra alguna vileza de las degeneradas razas ibéricas, acordarse de la reina Isabel tragándose el reciente marrón de su nuera, de la cara del Orejas con vocación de tampax, del actual estado del imperio británico, de las vacas locas, y de la puta que las parió. Luego puede uno soltar la carcajada, pasar tranquilamente la página y seguir leyendo, como si nada.

5 de octubre de 1997

2 comentarios:

El último que apague la luz dijo...

Curioso el nombre de "Hornblower", que podría traducirse al castellano como "soplagaitas" e incluso "soplapollas".
Mejor no traducirlo entonces, porque un "Guardamarina Soplagaitas" quedaría a la altura del "Mariscal Pepis" de Florentino Pérez.

Alcides dijo...

Un horror estas historias, se relatan hazañas de los marinos ingleses contra los torpes franceses o españoles, pero en realidad copian hazañas de españoles.
En la pelicula, cuando Hornblower y los suyos son apresados por los franceses, en realidad copian la verdadera gesta de los 15 de winchester, soldados españoles prisioneros de su graciosa majestad britanica que escapan y recuperan un barco en Portsmouth en las mismas narices de la flor de la flote inglesa, y cruzan el canal hacia puerto aliado frances.
Las tacticas de batalla naval solo se la copiaron a la gesta del "Glorioso" navio español, que se batio solo por 3 veces contra varios navios ingleses, y siempre en inferioridad o sea hacen suyas como si fueron ellos , los ingleses unos genios, y nosotros los españoles ( soy argentino, pero de sangre bien española) unos tontos, cuando en realidad esas historias fueron protagonizadas por difernetes comandante españoles, en contra de los britanicos.